sábado, noviembre 14, 2009

Somos un hazmerreír / Elecciones parlamentarias 2009

*Por si alguien quiere saber, yo voto en el Distrito 23 y soy cercana a la derecha, pero aún no defino mi candidato parlamentario ni presidencial.

A Rayo siempre le ha gustado la custión electoral, desde que era chica y la familia iba a votar y volvía con el pulgar azul que quería integrarme a ese mundo. Qué bacán que los votos tengan dobleces especiales y haya que pegarles un sticker y firmar en un libro y entintarse el dedo (bueno eso puede ser negativo si paso a llevar la ropa) cierto? Me acuerdo que quería cumplir 18 años no para manejar ni casarme ni salir sola del país, sino que para poder inscribirme en los Registros Electorales y ejercer mi derecho de ciudadana. Incluso quería ser vocal de mesa. Creo que me ha tocado votar dos veces y no fue niún drama, me levanté como a las 10 y me fui caminando hasta el colegio donde me tocaba votar, esperaba como 5 personas y volvía a la casa antes del mediodía; por el contrario, la bruja y el papá iban como a las 3-4 de la tarde a la hora que estaba todo el calor y toda la gente, qué idea más tonta ir a votar a esa hora. En fin.

Ayer empezaron a transmitir la franja electoral para Presidente y Parlamento 20 para las 11 de la mañana y 20 para las 9 de la noche (can you believe it? 20 MINUTOS CADA UNA!) y se van alternando entre mañana y noche. Especialmente por la franja parlamentaria, estas cosas sirven más para reírse que para captar votos efectivamente, porque los candidatos que van por algún partido de la Alianza... ah perdón, ahora se llama Coalición por el Cambio, o de la Concertación, se pierden entre la propaganda que el mismo partido se hace; es cosa de ver cuánto tiempo hablan los peces gordos comparado con lo que le dedican a cada candidato desconocido. ¿Quiénes son los beneficiados? Los partidos pequeños, los pactos de pelagatos y los independientes, porque eventualmente usarán el poco tiempo que les toca de una forma eficaz y directa. ¿Cómo olvidar a Rosa González y sus 0,75 segundos de propaganda donde apenas alcanzó a decir "Aric-"? Gracias a esa evidente desventaja quedó en el inconciente colectivo y salió electa diputada por Arica. Eso sí, cuando fue a la reelección no ganó, pero no sé si porque se metió a la Alianza o porque era tan inepta como los 'honorables' habituales. En la franja pasada destacó un candidato que gritaba "¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Trabajo!" en sus 2 segundos pero aunque se convirtió en ídolo no logró ser diputado. El único que obtuvo un escaño fue Carlos Bianchi senador por la Región de Magallanes, pero únicamente porque ya era conocido en la zona que es una especie de "república independiente" dentro de Chile. No me acuerdo si era por las parlamentarias o presidenciales, pero una vez el Partido Humanista decidió usar sus 3 segundos mostrando una foto de Lavín con Lagos yéndose por un water; también mostraban ciudadanos sin ropa porque estaban "empelotados" y alguien botaba la Constitución a un tarro de basura. Lamentablemente no hay video para todas estas perlas pero algo pude encontrar.



FRANJA ELECTORAL PARLAMENTARIA INDEPENDIENTE 2005

Éste es el año del recordado "¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Trabajo!" del candidato independiente a diputado por San Antonio, Sergio Velasco. Nótese el triste despliegue del dr. Patricio Pinto, y la bandera que flamea para Bianchi y Marinovic: es de la Región de Magallanes.


Otra versión de los spots en distinto orden. Aquí Sofía Painiqueo aparece con la boca scotcheada y mostrando 8 dedos.


Parece que esta franja no está completa pues no aparecen ni Bianchi ni Sergio Castillo, sin embargo tiene dos cosas notables: "ELICIA! Talcahuano Hualp-" y "¡Hasta cuándo! ¡Hasta cuándo! ¡Hasta cuándo!" de Velasco.


Fue demasiado evidente que esta vieja del PAR quiso mandarse un "Rosa de Aric-" pero no le resultó, el truco funciona una sola vez y sólo si es auténtico.


El "Choro" Soria de la Fuerza Regional Independiente dándole un combo a alguno de sus tantos enemigos... ni él se cree lo que dice.



FRANJA ELECTORAL PARLAMENTARIA INDEPENDIENTE 2009

13/11
Me dicen por interno que cada candidato tiene 2 segundos pero en cada franja hay sólo 4 segundos, por lo que cada día se irán rotando 2 candidatos con sus spots. Los que hemos visto hasta ahora son Tomás Díaz por Quillota-Zapallar-etc. y Rodrigo García Pinochet por Las Condes-Vitacura-Lo Barnechea. Me encantó Tomás muerto de la risa en su franja como sabiendo que todo esto es una humorada, y qué omef las fotos con mala iluminación del nieto de Pinochet.

UPDATE: Aquí la franja independiente, el audio está un poco desfasado.


UPDATE: Aquí está la sintética y concisa franja original de 4 segundos de Tomás Díaz (¿Cuándo lo veremos por La Cruz?)


14/11
Hoy apareció el (nuevamente) candidato a diputado por Magallanes Miodrag Marinovic. Como su spot aún no está en YouTube comento que es parecido al de la campaña pasada, manteniendo la bandera de la Región de Magallanes como elemento central. Me atrevo a decir que esta vez sí será electo ya que cuenta con el apoyo del senador Carlos Bianchi y el alcalde Vladimiro Mimica, ambos en la misma línea regionalista.
Juan Luis Marré, candidato a diputado por Caldera, Vallenar y etc. (Distrito 6). Bueno su primer plano, pero para mi gusto había muchos colores muy fuertes juntos. En todo caso ¿qué más se podría haber hecho con 2 segundos todos cagones? Veamos: "¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Trabajo!" "Lo más importante de mi campaña es-" "Aric-"... mejor no sigamos para no cagarlo más.

15/11
Pablo Pellegrini, candidato a diputado por Cerro Navia, Lo Prado y Quinta Normal (Distrito 18). Es hermano del DT Manuel Pellegrini, de ahí que en su spot diga "¡Pellegrini! ¡Pellegrini!" como si fuera una barra y que aparezca una pelota de fútbol. No sabemos si le va a funcionar la estrategia; le recomiendo que su hermano venga a buscar talentos en las canchas de barrio del distrito 18. Y que le pase su Twitter a alguna hija o sobrino para que le saque partido.
Fernando Rodríguez, candidato a diputado por Cartagena, Algarrobo y etc. (Distrito 15). Qué puedo decir... FOME. "Vote local, primera mayoría" dice con una escenografía cargada al azul y con una foto de fondo que no distingo qué es; podría ser una refinería o el puerto de San Antonio o quizás Chernobyl.

UPDATE: Este es principalmente el spot de Pellegrini; la edición come le palle veramente pero igual se alcanza a ver a Rodríguez en el final.



Esta es la franja del candidato a diputado por Viña del Mar-Concón Andrés Lavín. Según lo que he leído es un ex-sacerdote, lo que explicaría su alusión a Dios en su spot, aunque si son 2 segundos sólo se verá "Totalmente independiente".



STANDBY: Como me voy al famoso Congreso de Biología la próxima semana no creo que pueda ver todas las propagandas pronto, pero como no quiero perderme dejaré una lista con todos los candidatos independientes que se presentan a elecciones y hopefully algún hijo, sobrino o nieto les subirá el spot a YouTube. De nada.

Luis LeBlanc, candidato a diputado por Arica, Putre y etc. (Distrito 1)
Osvaldo Delgado, candidato a diputado por Caldera, Vallenar y etc. (Distrito 6)
Pedro Velásquez, candidato a diputado por Coquimbo, Ovalle y etc. (Distrito 8)
Claudio Rodríguez, candidato a diputado por Las Coimas, Putaendo y etc. (Distrito 11)
Fernando Soto, candidato a diputado por Cartagena, Algarrobo y etc. (Distrito 15)
Lautaro Velásquez, candidato a senador por Quinta Región Cordillera (Circunscripción 5)
Roxana Miranda, candidata a diputada por Buin, San Bernardo y etc. (Distrito 30) (su página oficial es el sitio web de ANDHA)
Ángel Bozán, candidato a diputado por Buin, San Bernardo y etc. (Distrito 30) (su página oficial angelbozan.cl no funciona)
Mauricio Concha, candidato a diputado por Talcahuano, Hualpén y etc. (Distrito 43) (su página oficial es el sitio web de ANDHA) (el mismo distrito de la ELICIA! del 2005 xD)
Luis Seguel, candidato a diputado por Temuco, Metrenco y etc. (Distrito 50)
Eric Vargas, candidato a diputado por Puerto Montt, Alerce y etc. (Distrito 57)
Sergio Tapia, candidato a diputado por Punta Arenas, Antártica y chorrocientas cosas más (Distrito 60)



BONUS TRACKS

No quise hablar de la franja presidencial a propósito, pero no puedo dejar de recordar a Arturo Frei Bolívar, "Uno como usted". Lo mejor que tuvo fue la canción, o sea, ¿quién no cantó Arturo Fre-ei Boli-ivar, uno comousted! alguna vez? xDDD


Este es un fake de la franja parlamentaria independiente inspirado en la Rosa de Aric- hecho por Plan Z. Notar que sale una mujer como Gonzalo Muñoz Valle, y que la foto del candidato Estévez está al revés y su apellido mal escrito. Qué weá más ridícula es lo que uno piensa al verla, y sin embargo no está alejada de la realidad. Así que eso, ríase con ganas del país en que vivimos, donde las parodias son más serias que la vida misma.

lunes, noviembre 02, 2009

So much for the bellydance thing

Bueno, hace como un mes or so que no iba al taller de danza árabe de puro desorganizada o parqueada que estaba, pero hoy por fin fui después de Molecular. Mi amigui mechona me había avisado que ya no éramos diez sino que veinticinco las asistentes al taller así que la sala estaba un poquito sobrepoblada, y en verdad había caleta de gente nueva además de las antiguas y por fuerza chocábamos los brazos extendidos (me carga tener que tocar a otra gente). Apenas puse un pie en la sala sentí la frialdad y displicencia en el ambiente: la primera persona que vi fue la tipa que llevó a la pendeja a clases (no supe si era hermana o hija pero era una pendeja y eso basta para ganarse mi rechazo absoluto) a quien tomé como pájaro de mal agüero, y efectivamente hasta la profe me ignoró y sólo cuando llegó mi amigui mechona y me saludó me sentí un poco mejor.

En fin. De las clases pasadas quedaba bien poco, porque después de elongar la profe le dio a esos movimientos de brazos marcados típicos del tribal fusión (un estilo sin tanto brillo ni musiquita alegre que tiene una onda misteriosa y más muscular). Claro, la profe se especializa en tribal fusión y más específicamente gótico, sí, gótico, con música dark y ropa dark y maquillaje dark así que era obvio que nos iba a enseñar lo que mejor sabe, pero a mí no me gusta el tribal fusión. O sea, la calidad artística de gente como Rachel Brice es innegable, o la argentina Eminë/Lady Blue que me encanta ver una y otra vez, pero lo que realmente me atrae de este cuento para bailar es el brillo, los crótalos, la música animada y no la gimnasia y los movimientos creepy. Para peor ya empezaron a preparar la coreografía de fin de año y era ¡adivine! de tribal fusión también, llena de camellos y drops y brazos de serpiente y oscuridad. Yo obvio, me mantuve pegada a la pared mientras los distintos subgrupos ensayaban, pero mi amigui mechona me tomó del brazo y le hizo pucheritos a la profe para que me metiera en su subgrupo a lo cual accedió con cara de pocos amigos y me puso al fooondo "como castigo por venir tan tarde!". Bueno. No la culpo ni la odio por eso, porque en verdad el tribal se me da pésimo y como además no me gusta es mucho menos probable que me vaya a salir bien alguna vez...

Se acabó mi tiempo de ensayo y guardé mi caderín en la mochila. De nuevo, la única que respondió a mi "chao!" fue mi amigui mechona. I got the message people, qué arrogancia de mi parte integrarme a clases un mes después de lo debido y pretender colarme a la presentación como si nada. Bueno, para que se queden tranquis no creo que siga yendo a clases, o al menos no a practicar la coreografía. El taller me hace bien para mi elongación y estado físico, pero tengo menos interés que 0 en participar de esta presentación. Y además me siento estafada porque para la presentación del primer semestre decidí armar un traje de piezas separadas na' que ver con danza árabe (que de todas maneras resultó ser el más lindo del grupo :modestia:) porque mi técnica no era muy buena y seguro mejoraría con el tiempo, y así para fin de año realmente luciría mi verdadero bellydance costume. Pero resulta que como la coreografía será tribal el vestuario también tiene que ser tribal.

Así que bueno, whatever. So much for the bellydance thing! Cuando me sobre el tiempo y la plata tomaré clases de danza árabe normal, que es lo que me gusta.

domingo, noviembre 01, 2009

What am I doing here?

Todos los años (o más bien, todos los semestres) hay un momento que me da un bajón general y quiero mandar la universidad a la recresta porque siento que estoy puro perdiendo el tiempo y la plata estudiando algo que claramente me queda como poncho. Después de ese momento, el cual fue gatillado por la acumulación de deadlines, viene un momento de tranquilidad y confianza por haber podido superar dichos deadlines lo cual querría decir que en verdad me la puedo. El problema viene cuando todos los semestres me enfrento al bajón, digo "POR LA CHUCHA POR QUÉ NO MANDÉ TODO A LA RECRESTA EL SEMESTRE PASADO???" ya que cada semestre es más complicado desertar que el anterior debido a los compromisos que se van adquiriendo.

Ahora me enfrento al pre-bajón de este semestre, porque es domingo y tengo que leerme un paper para una clase de mañana, y el martes tengo que hacer experimento, y luego tengo que hacer una tarea de befecúememe y un seminario bibliográfico también de befecúememe, y para el 20 presentar mi tesilla de la cual no he hecho NADA (principalmente porque consiste en tener una brand new idea y yo carezco de toda originalidad científica) y después ir al Congreso en Pucón y después se fue el año con las últimas pruebas. Ahorita mismo no tengo la soga taaan al cuello, pero si no me pongo las pilas en esta semana nadie me salvará del desastre más completo, y eso que tengo tres ramos picantes nomás cuando debería tener 5 o 6 como mis compañeros.

Aaah, mis compañeros. Los perdí pues, hasta los que están repitiendo befecúememe conmigo no se atrasaron vaya uno a saber cómo, porque lo que es yo saldré con la generación 2007 si no me sigo atrasando. Aunque en verdad lo que me da más pena y rabia no son mis compañeros en sí, sino que cualquier persona que entró a estudiar una carrera, pasa sus ramos con regularidad, cumple los objetivos y sale de la universidad sin mayores contratiempos. Cuando veo a la Consuelo me da lata darme cuenta que ella ha aprobado sus ramos con notas decentes, se le han ocurrido ideas originales para el proyecto de Taller 4 y la tesilla de Molecular y el FONDEF de Biotec General (¿o era en Biotec Médica?) y está en uno de los laboratorios de vacas sagradas i.e. el vicedecano, y además es mi ayudante de Molecular y todo indica que saldrá sin problemas de la carrera. ¿Qué chucha pasó que no pude andar parecido a ella y a mis demás compañeros? el proyecto de Taller 4 fue tan chanta que el profe me pasó con un puto cuatro, la nota más baja de todo el curso; en todo el año no he obtenido ni un puto resultado en el lab; las notas andan en el montón nomás; y bueno, en resumen me estoy yendo cada vez más a pique. Pero no puedo cambiarme de carrera porque como dice mi sidebar estudio Biotec "principalmente porque ya estoy en la mitad y cambiarme a otra cosa sería :sconf:".

Biotec es super bonita para estudiar, me encanta aprender cosas nuevas y desconocidas de biología, y usar programas que ni sabía que existían, pero de ahí a tener ideas nuevas que refresquen la Ciencia, chao. Y si ni siquiera puedo deliver en asignaciones chiquitas de ramos, ¿cómo podré deliver en un real job? Quizás debí haberme ido a Tecnología Médica, donde hubiese aprendido lo mismo o más de biología, pero nadie me exigiría ni una gota de innovación. Eso de que tenía tantas capacidades para estudiar lo que fuera era mentira, soy simplemente alguien que fue a un buen colegio y aprendió un montón de "cultura general", pero que tiene menos creatividad que un poroto. Al menos al poroto se le ocurre germinar po, yo necesito que me digan todo el rato lo que tengo que hacer o si no cago.

sábado, octubre 31, 2009

Lo que una aprende en un bautizo

Hoy fue el bautizo de un nieto de mis padrinos, y obvio yo (y mi familia) no podía faltar aunque yo no tenía muchas ganas de ir ya que soy la única "joven" entre el público habitual y siempre me quedo sola, y también tenía que avanzar en otra mierda de tarea para la mierda de befecúememe. Como hoy era el último día que la Muni pone la vacuna antirrábica a las mascotas en la mañana fuimos a hacer la cola con la Pelusita y no pudimos ir al bautizo mismo, pero en la tarde llegamos al almuerzo de celebración; no sin antes pasar por el Almacenes Paris (parece que ahora se llama "Paris" nomás, o sea me quedé en el pasado) para comprarle un regalo al bautizado y a su hermanita.

Soy un desastre con la ropa para salir. Tengo dos velocidades en mi clóset: hobo que son los pantalones, zapatillas y poleras raídas que uso para la vida diaria, y treinticuarenta que es todo el resto de vestidos, faldas, zapatos de cuero, blusas de seda y en general todo lo de marca que uso cuando salgo de la vida diaria. No sé por qué creo que cualquier cosa fuera de mi vida diaria merece ropa linda y cara linda y desenredarme el pelo, así que lógicamente hoy deseché los jeans y las zapatillas y las poleras y me puse pantalones negros de tela, una especie de blusa-corset de satín, la chaqueta 3/4 que fue furor hace dos años en USA y sandalias con lentejuelas.

Puta que la cagué.

Llegamos a la casa del bautizado y veo que toda la gente anda con sus jeans domingueros y la polera/camisa que recogieron del suelo de su pieza; sólo los padrinos de la guagua estaban un poco más formales. Si me hubiera puesto la misma ropa con que fui a vacunar a la Pelusita en la mañana habría pasado piola, I swear. No sabía dónde meterme cuando me di cuenta que las demás que llevaban pantalones negros de tela eran las viejas cincuentonas, y que las treintonas pailonas andaban con jeans a la cadera y poleritas stresh de Patronato, esas mismas que no perdonan imperfección en el cuerpo y por ello su público objetivo son quinceañeras. En adelante voy a ir a todas partes con la misma ropa de la universidad a menos que me digan claramente que tengo que emperifollarme.

Además era el día de los cabros chicos. El bautizado, su hermanita, sus dos primitos, el amiguito y la hija de los amigotes: seis pendex entre 2 y 8 años (más tirados hacia el 2 que al 8) tomando mamadera, tirándose arena a la cara, escalando el resbalín Little Tikes, lanzando proyectiles formados por piezas de juguetes, pidiendo torta o bebida en vaso y consecuentemente manchándose, corriendo por las baldosas y consecuentemente cayéndose y chillando. Para mí todo está bien mientras se mantengan lejos de mí y no me incluyan de ninguna forma, es decir que no me tiren nada ni me pidan nada ni lloren a mi lado, y así estuve casi todo el día. Por supuesto la bruja andaba como loca detrás de los pendex más guaguas y los tomaba en brazos y se creía su mamá y weás en esa onda, pero no respondían demasiado bien así que al final se veía obligada a desistir. No voy a negar que la Fernandita se veía preciosa con su pelo largo y su disfraz de odalisca de Halloween (no cochino ql, no ese disfraz de odalisca) o que la Emily lanzaba comentarios mordaces para reírse 5 minutos en el suelo, pero trust me, es una lástima tener niñitos feítos. Sé que es shuper contradictorio y superficial viniendo de mí (una india con caries y celulitis) el querer que todo niñito sea bonito como el hijo del dr. Varas, pero a mí me re-apestan los niñitos feítos. Pobres mamás, cada una a su turno destacaba que el retoño tenía una memoria... o que era super obediente... o que era tan inteligente... o que había aprendido cosas tan difíciles... quizás sea lo mismo que me pasa cuando digo que mis kititos son los más bonitos del mundo. En el mediano plazo (cuando cumpla 25) empezaré los trámites para conseguir una histerectomía BBB.

Pero en fin, el día era para celebrar. Como en la cultura occidental moderna no se concibe una celebración sin alcoholizarse, el papá del bautizado, el padrino, mi padrino (o sea el abuelo), los amigos de mi padrino, los amigos del papá del bautizado y en una palabra todos los hombres presentes le dieron duro y parejo a la cerveza, al vino con chirimoya y al vodka durante la tarde. Qué triste realmente ver a la gente curada, que el papá del bautizado tenga la cara roja como si se hubiera quedado la noche anterior bajo una lámpara de UV y esté a punto de pegarse con cada muralla y mueble y peor aún, se enoje cuando le quiten el enésimo vaso de vodka tónica y lo manden a acostarse. Otros son peores ya que se ponen "cariñosos" y empiezan a tirarle las manos a cualquier cosa sin pene: muy hermano de mi padrino será, pero para mí fue lisa y llanamente un viejo curao culiao fresco de mierda que me saludó y me despidió demasiado abrazado, estuve a esto nomás de aplicarle un certero rodillazo ahí mismo. En verdad no sé a qué se debe mi aversión al trago, dicen que hay gente que naturalmente lo encuentra asqueroso y otros que naturalmente les encanta por algo relacionado con cierta enzima, pero la cosa es que el alcohol no me agrada en lo más mínimo y gracias a eso nunca quedaré en vergüenza como ellos. Sobre todo porque yo manejo; muchos afirman que "curado manejo mejor" pero después de cierto número de piscolas ya no se puede discernir y ahí es cuando me chocan y me dejan en coma y después no quieren donar mis órganos por una estúpida creencia religiosa así que se los comen los anélidos.

Moralejas: no variar JAMÁS el polinomio polera-jeans-zapatillas; los únicos niñitos lindos y entretenidos son los que no son propios --> preguntar el 2012 cómo accedo a la EQVF; tengo que buscar amigos que también sean abstemios y no fumadores por libre albedrío y así podré celebrar sin verme obligada a tomar o en su defecto interactuar con ebrios y chimeneas; lo bueno de ser chofer designado es que yo controlo la radio (h)

sábado, octubre 24, 2009

Another look-alike

Hoy estuve todo el día lacia y enferma no sé por qué, más encima llovió brígidamente y no pude ir a clases, obvio; no podía manejar ni andar en transporte con náuseas y puntadas en los ojos... quién lo hubiera creído, si ayer estaba de tan buen humor que incluso me di la paja de traducir una plana de un paper para que mis compañeros de grupo pudieran entenderlo más rápido mientras recordaba la existencia de mi guitarra. Y ya no me acuerdo cómo tampoco, pero recordé la existencia de Michelle Branch y su primera canción que me gustaba tanto que busqué y busqué por todas partes las tabs (acordes) ya que yo fallaba en algunos, hasta que las encontré. No sólo la canción era bacán ya que cuando la conocí (y también después) había alguien que me gustaba y que obviamente no se daba cuenta, ni siquiera me veía ni nada, y de eso se trata la letra; sino que también me encantaba ella, porque encontré que se parecía bastante a mí misma con el pelo oscuro y lacio, la cara con rasgos omefs y para nada especiales ni bonitos, y la ropa y cuerpo sin niún brillo. Claro que después de ese primer disco que fue un éxito se arregló entera: le creció el pelo y se le onduló, consiguió una maquilladora, bajó un par de kilos y se compró un clóset lleno de ropa linda y con onda (es decir, sin poleras lisas ni jeans ídem). O sea, para colaborar con Santana hay que tener brillo poh.

Pero bueno. A mí me gustaba esa primera canción para escucharla, para cantarla, para verla y para tocarla en guitarra. Me gusta ancora, y pienso ¿cómo pudo pasar de tener el pelo lacio y la cara poco definida a lo que es hoy? ¿podré hacerlo yo también?

Oh, las otras look-alikes que tengo son Janeane Garofalo y Javiera Mena. En mi opinión.

domingo, octubre 18, 2009

Tiempo después

Bueno. Como algunos ya saben, el martes 13 fui al funeral de una compañera de colegio que la verdad, no había visto desde la fiesta de graduación o quizás algún día del ex-alunno. Ella estaba en el Cuarto C y yo en el B, así que sólo nos encontrábamos en clases de gimnasia pues estábamos en distintos planes y en distintos artísticos. Tampoco teníamos amigos en común ni nos juntábamos para almorzar, y en el Viaggio estuvimos en grupos separados. En resumen, éramos simplemente compañeras de colegio.

Y sin embargo (a propósito, qué buena canción) cuando la Pía me avisó el lunes 12 pasada la medianoche por messenger que la Mana había muerto, se me llenaron los ojos de lágrimas y empecé a tiritar aunque no tenía frío. Parecía mentira pero ahí estaba en los obituarios electrónicos su nombre y el lugar donde estaba siendo velada, y eso me golpeó fuerte porque ya no había espacio para los "no weis" o "no te creo". Lloré unos minutos pensando en cómo iría al funeral en el Parque del Recuerdo, y de inmediato empecé a llamar y emailear a otros compañeros para avisarles. Es curioso que la Pía y el Carlos y yo no dudáramos un segundo en ir a la parroquia y/o al cementerio a ver a la Mana siendo que los tres éramos igual de cercanos/lejanos de ella, creo que los tres sentimos el deseo de estar acompañándola.

A la mañana siguiente desperté con la alarma a las 8 de la mañana, para llamar al laboratorio avisando que no iría ese día y por lo tanto no operaran al conejo para mí. Seguí durmiendo pues estaba TREMENDAMENTE agotada y desperté con una llamada al mediodía; el día estaba nublado pero no hacía frío, estaba gris pero no congelado. Me bañé, busqué en los obituarios del Mercurio los datos sobre horas y lugares de la misa y entierro, acordamos con el Carlos y la Pía dónde juntarnos, me puse la blusa negra y busqué mis anteojos de sol para esconder los ojos hinchados y cansados. Al salir tomé un polerón por precaución, eché un plátano y una cajita de leche a mi cartera y corté la cala más linda del jardín, porque no sé qué me pareció que tenía que llevarle una flor aunque fuera de un macetero y no de floristería. Iba a juntarme con la Pía en Estoril para tomar la micro por Vitacura, y milagrosamente todos los transportes pasaron justo a tiempo para que llegáramos a la misa donde ya estaba el Carlos. El silencio era palpable.

La misa fue terrible. Estaba lleno de gente, sobre todo de jóvenes, scout, de las vacaciones, de la Scuola, de la familia, estaba lleno de gente como yo y no de adultos o viejos. Un par de veces solté unas lágrimas durante la homilía y la comunión me parece, pero lo peor fue cuando terminó la misa y la familia de la Mana tomó el ataúd para llevarlo a la carroza y al pasar su cajón por delante realmente comprendí que dentro iba alguien que se rió conmigo una vez, y lloré de nuevo. Realmente era imposible de pensar, ¿cómo es posible que una compañera esté dentro de ese cajón? ¿no se habrán equivocado? ¿es verdad? Era verdad. Dentro estaba alguien que bien podría ser yo, o la Pía, o el Carlos, o cualquier otro joven que salió de la Scuola el año 2004, o cualquier otro joven de 22 años del mundo. Mi cerebro no procesaba aquello y por lo mismo seguía llorando, por lo inaceptable e inverosímil de la situación, por lo absurdo que sembrava tutto. La Pía me llevó de la mano a darle el pésame a la mamá de la Mana, que había sido su profesora en la universidad, y cuando a mi turno la abracé hubiera querido decirle que no creía que su hija estuviera en ese ataúd, que no podía ser cierto, que no podía entender, que realmente yo no podía entenderlo... Estaba haciendo mucho frío, así que me puse el polerón y nos trasladamos luego hasta el cementerio con Carlos y todo el resto. El funeral, aunque fue igualmente triste, no me pareció tan terriblemente doloroso como la misa anterior; cierto que había más personas llorando pero parecía algo inevitable, había que enterrar el ataúd, había que hacerlo, había que aceptarlo. Lo que no se podía aceptar era preguntarse por qué había pasado esto, que es lo que hizo el cura en la misa. Cuando la gente comenzó a irse me percaté que aún llevaba la cala en la mano, así que me acerqué y la puse sobre las demás coronas y arreglos florales disculpándome por llevar una flor tan ordinaria, pero al mismo tiempo regalándosela como lo mejor que tenía para ella, como mi forma de decirle "Mana, no nos conocimos, no fuimos amigas, no fuimos cercanas, pero no te imaginas cuánto me duele que hayas muerto, y es por eso que estuve en la misa y estoy aquí dejándote una flor, y ni yo misma lo entiendo bien, pero lo siento así".

Realmente me dolió profundamente la muerte de la Mana. Me hizo darme cuenta que nosotros también podemos morirnos un día de estos aunque seamos jóvenes y tengamos Facebook y salgamos a tomarnos un Starbucks o comer sushi. Pero sobre todo, me hizo darme cuenta que en verdad no quiero morir. Por muy mala y triste y fea que me resulte mi vida, no me quiero morir, no quiero que la única solución sea tener que morirme. No quiero terminar dentro de un cajón. Tiene que haber otra salida que no sea la muerte. Tiene que haberla. Hoy sábado ya no estoy demacrada y me he reído y visto realities estúpidos en la tele sin problemas, pero sigo pensando que no quiero tener que morir para solucionar, para dejar esta vida de mierda que me tocó tener. Pobre Mana. Antes fantaseaba con el día en que me matara para poner fin a esta cadena de golpes, pero ahora me parece una falta de respeto siquiera pensarlo. No sé cómo estarás ahora, si podrás sentir algo, si estarás en paz? tu muerte me remeció porque nunca creí que existiera alguien más sufriendo mientras se reía para las fotos, siempre pensé que soy la única que se siente desgraciada y que a pesar del colegio privado y la casa en Las Condes no consigue sentirse feliz. No sé Mana. Me habría gustado saber eso antes de tener que ir a tu funeral, me habría gustado darme cuenta que no quiero morirme en otra instancia que no fuera tu propria muerte; si yo hubiera tomado la decisión antes que tú, quizás sentirías que en verdad no querías morirte y seguirías viva...

No sé. No puedo escribir más.

domingo, octubre 11, 2009

Me río de (y con) los cubitos

Basureando en Facebook vi que uno de los niños que agregué de La Chile Para Todos estudia en Boches y había usado la aplicación que da una "frase beauchefiana típica". No pude resistirme así que la usé y brillantemente la primera que me salió fue:

Ojalá este año hayan llegado mechonas ricas...

Mi reacción fue una risa...! pero una risa brígidamente fuerte y sonora, porque pensé que el año que entré yo a Injeniería les cagué un poco la onda a los que esperaban mechonas comibles; de mi sección sólo se salvaban (creo yo) la que era polola de un Benjamín que llegaba a clases a las 9 de la mañana, la Camila que recuerdo por su cara de perro enojado pero parece que en verdad es todo lo contrario, y la Thamara que a pesar de ser de color piñén tenía los ojos claros y vivía rodeada de zánganos. Terminada la risa pedí otra frase y salió:

Chucha, ya me dio el Síndrome de Beauchef...

"Pobres tipos" pensé mientras también me reía estrepitosamente, aunque personalmente no conozco ningún afectado, sin duda que el tal síndrome existe (varias veces vi a bochefianos viejos de la mano de sus compañeritas tan guapas como yo). Jorge, el encargado del laboratorio de Alcayaga, me repite que Boches está lleno de fletos debido a la escasez de minas y sobre todo minas ricas; OK en todas partes hay homosexuales (fletos lo uso peyorativamente, como "oh los fletos de Elisa!") tengo un compañero que salió del Instituto Nacional que lo es y conozco alguien que pasó por Beauchef igual, pero de ahí a generalizar que son todos fletos o todas tortilleras en un lugar na' que ver po. La siguiente frase fue:

Mmm... oye, disculpa... me asignaron este PC...

Esa me la dijeron la primera vez que usé los computadores del CEC, pasé la TUCh y me dieron una tarjetita que ni miré y simplemente me senté en el equipo más cercano. No habían pasado 10 minutos cuando un amable habitante me indicó que ese equipo era suyo y ahí entendí que el número de mi tarjetita indicaba el equipo que tenía que usar. Tenían nombres de animales me acuerdo, como Búho o Lechuza o Jirafa o Gato (creo que nunca me tocó Gato u_u) y en fin, ¿a quién no le ha pasado? aunque es verdad que los ñoños pervertidos se iban directo a los equipos del fondo de la sala para que nadie los molestara mientra descargaban leseras o veían hentai.

Ahora sí. Juro que aprovecharé estas vacaciones de mitad de semestre para estudiar!

Seeeeeeeeeeeeh. Yo usé esa semana para vacacionar, of cors, y de vuelta me di cuenta que todos los demás se la habían pasado estudiando. Demasiada ñoñería (o demasiada flojera) para mí.

Me voy a echar un tuto en la pajarera.

Esa es clásica po. La pajarera es la sala de estudio ubicada en el segundo piso del Hall Sur cuyos grandes ventanales dan a la terraza, y hay de esos asientos laaargos con cojines laaargos también que la gente tiraba en el suelo a modo de colchoneta y dormían. Los que tenían polola, enroscados con la polola por supuesto; si no, solitos nomás. Por qué se llama "pajarera" en verdad no sé, unos me dijeron que porque estaba lleno de ventanales y parecían pajaritos enjaulados, y otros que tenía más que ver con "paja" que con "pájaro"... vaya una a saber.

Me fue la raja!... me saqué un 3,4!

En Cálculo me saqué un 3,9 y me sentí tan feliz, pero tan feliz... después de recibir 1,7 y 2,7 en Física y Álgebra respectivamente, un 3,9 era un bálsamo. Por lo mismo daban ganas de pegarle a los sacoweas (no son otra cosa) que iban a reclamar por un 6,5 y que se merecían el 7.

Yo también fui "Re-mechón"

Yo no quise ser re-mechona. No no no y no. Mi papá casi me rogó que lo fuera, pero mi sumisión y estupidez tienen un límite. ¿Se imagina a Rayito aún estudiando Ingeniería y haber tenido que esperar 3 años para tener un curso decente de Química o de Biología Celular, para escuchar "El ribosoma es una ribozima", para usar una micropipeta? La catástrofe.

La "casa central" está en toma?... no tenía idea...

Hmmm había un niño llamado Ismael Murillo que parecía el clon pobre del vocalista de los Búnkers, que parece era el único compañero comprometido con el pueblo pobre y los trabajadores, y ese convocaba a asambleas con escasísima asistencia y a las cuales yo fui un par de veces ya que la izquierda no me simpatiza. El 2005 estuvimos un día en paro y a medias. UN DÍA. El profe de Computa(ción) (los cubitos tienden a decir "Computa" y no "Computación", quizás se deba a la escasez de minas y sobre todo minas ricas) no hizo clases porque había paro y era para respetarlo y blablabla, pero el profe de Física sí hizo y pasó la materia más marciana de la vida, algo sobre "movimiento armónico amortiguado" que yo quedé pa' la cagá a pesar de haber anotado todo todito. Jugom me imagino que estuvo en toma dos meses y cosas por el estilo.

Hay más frases, algunas que no entendí por supuesto, pero la custión es que fue entretenido volver atrás de una forma hilarante y no tétrica; los cubitos también sirven para reírse. Podríamos haber las "frases típicas de Biotec/Ciencias/Jugom" aunque en verdad no se me ocurre ninguna... o momento: "Cof cof cof, tiraron una lacrimógena! cof cof cof (llanto)" "Ya votemos, ¿paro o toma?" "Tengo que leerme estos 3 papers y hacer dos informes de BQ para mañana!" "Los biotecs son unos ñoños de mierda (esto lo dicen los demás envidiosos de Ciencias)" "Nos tienen envidia porque somos más inteligentes (esto lo decimos nosotros)". En verdad, sí da para hacer una aplicación xD

miércoles, septiembre 30, 2009

30 días tenía septiembre

30 días tenía septiembre
Robert F. Young
(Ciencia ficción)


El letrero en el escaparate decía:
MAESTRA DE ESCUELA EN VENTA
BARATÍSIMA


Y en letras más pequeñas:

Puede cocinar, coser, y sabe desenvolverse en el hogar


Al verla, Danby pensó en pupitres, borradores y hojas de otoño; en libros, sueños y risas. El dueño de aquel pequeño almacén de segunda mano la había ataviado con un vestido de alegres colores y unas minúsculas sandalias rojas. Permanecía en una caja colocada en posición vertical en el escaparate, igual que una muñeca de tamaño natural, esperando que alguien la volviese a la vida.

Danby intentó descender de la calle hacia el estacionamiento donde tenía su Baby Buick. Probablemente, Laura tenía ya una cena automatizada dispuesta en la mesa y se pondría furiosa si llegaba tarde. Sin embargo, continuó donde se hallaba, alto y delgado, con su juventud aún cercana, refugiada en sus pardos y ávidos ojos, mostrándose débilmente en la suavidad de sus mejillas.

Su inercia lo molestó. Había pasado mil veces junto al almacén en su camino desde el estacionamiento a la oficina y viceversa, pero aquélla era la primera vez que se detuvo para mirar el escaparate.

Pero..., ¿no era ésta la primera vez que el escaparate exhibía algo que le interesara?

Danby intentó afrontar la pregunta. ¿Le interesaba una maestra de escuela? No mucho. Sin embargo, Laura precisaba de alguien que le ayudase en las faenas domésticas, mientras no pudieran hacer frente al gasto de una criada automática y Billy, sin duda, sacaría provecho de algunas lecciones particulares,además de la televisión, ahora que se aproximaban los exámenes más difíciles...

Su cabello lo hizo pensar en la luz del sol de septiembre, y su rostro en un día de septiembre. Una neblina otoñal lo envolvió y, de súbito, su inercia lo abandonó por completo y empezó a caminar, pero no en la dirección que antes pensó...

—¿Cuánto vale la maestra de escuela del escaparate? —preguntó.

Antigüedades de toda clase se hallaban esparcidas por el interior del almacén. El dueño era un hombre viejo y menudo, con espeso cabello blanco y ojos de color del pan de jengibre. También tenía aspecto de antigüedad.

—¿Le gusta, señor? Es muy hermosa —fulguró ante la pregunta de Danby.

Danby se sonrojó.

—¿Cuánto? —repitió.
—Cuarenta y nueve dólares con noventa y cinco centavos, más cinco dólares por la caja.

Danby apenas podía creerlo. Ante la escasez de maestras, lo lógico sería que el precio aumentara y no disminuyera. Un año antes, cuando pensó comprar una maestra de tercer grado reconstruida para que ayudase a Billy en su trabajo teleescolar, el precio más bajo que pudo encontrar sobrepasó los cien dólares. Sin embargo, la habría comprado de no haberle disuadido Laura. Su mujer nunca fue a una verdadera escuela y no lo comprendía.

¡Pero cuarenta y nueve dólares con noventa y cinco centavos! ¡Y también podía cocinar y coser! Seguro que Laura no tendría inconveniente...

No lo habría, desde luego, a menos que él le diese oportunidad.
—¿Está..., está en buen estado?

El rostro del dueño se oscureció.

—Ha sido completamente restaurada, señor. Nuevas baterías, nuevos motores. Sus cintas magnetofónicas pueden funcionar aún otros diez años y sus memorizadores, probablemente, durarán para siempre. Pase por aquí. La entraré y se la mostraré.

La caja estaba montada sobre ruedas, pero resultaba difícil de manejar. Danby ayudó al viejo a empujarla fuera del escaparate y dentro del almacén. Permanecieron junto a la puerta, donde la luz era más clara.

El viejo retrocedió admirativamente.

—Quizás soy anticuado —dijo—, pero aún creo que los telemaestros jamás podrán compararse con los de verdad. Usted fue a una verdadera escuela, ¿no es cierto, señor?

Danby efectuó un gesto afirmativo.

—Lo pensé. Es curioso que nunca deje de advertirse.
—Póngala en funcionamiento, por favor —rogó Danby.

El activador era un pequeño botón, oculto detrás del lóbulo de la oreja izquierda. El dueño buscó a tientas durante un momento antes de encontrarlo; luego se escuchó un pequeño «clic», seguido de un suave y casi inaudible ronroneo. Al punto, el rubor se insinuó en sus mejillas, el pecho comenzó a elevarse y descender, los azules ojos se abrieron...

Las uñas de Danby se clavaron en las palmas de sus manos.

—Hágala decir algo.
—Puede responder casi todo, señor —afirmó el viejo—. Palabras, escenas, situaciones... Si decide tomarla y no queda satisfecho, devuélvala y tendré sumo gusto en restituirle su dinero. —Se colocó frente a la caja— ¿Cuál es su nombre? -preguntó a la maestra.
—Señorita Jones —Su voz era una brisa de septiembre.
—¿Su ocupación?
—Soy maestra de cuarto grado, señor, pero puedo desempeñar además los grados primero, segundo, tercero, quinto, sexto, séptimo y octavo, y tengo amplia formación humanística. Soy también hábil en las tareas domésticas, buena cocinera y puedo efectuar trabajos sencillos, tales como coser botones, zurcir calcetines, remendar descosidos y rasgaduras en la ropa.
—Pusieron muchos alicientes a los últimos modelos —explicó el viejo a Danby—. Cuando al fin comprendieron que la teleeducación se implantaría, empezaron a hacer todo lo posible para derrotar a las compañías de cereales. Pero no lograron nada... Salga fuera de su caja, señorita Jones. Muéstrenos lo bien que sabe caminar.

Cruzó la pardusca habitación, con sus pequeñas sandalias rojas que centelleaban sobre el polvoriento suelo, con su vestido que era como un alegre chaparrón de colores. Permaneció en espera junto a la puerta.

A Danby se le hizo difícil hablar.

—Perfectamente —dijo por fin—. Póngala de nuevo en su caja; me la llevo.

—¿Algo para mí, papito? —gritó Billy—. ¿Algo para mí?
—Claro —confirmó Danby mientras empujaba la caja por el sendero de acceso para levantarla sobre el diminuto porche de entrada—. Y también para tu madre.
—Esperemos que valga la pena —cortó Laura, con los brazos cruzados en la puerta—. La cena está como una piedra.
—Puedes calentarla —repuso Danby—. ¡Mira, Billy!

Levantó la caja sobre el umbral, respirando con alguna dificultad, y la hizo entrar por el corto vestíbulo hasta la sala de estar. Ésta se hallaba invadida por un joven con chaqueta de color rosa que se había invitado a sí mismo a través de la pantalla de 120 pulgadas, desde donde se proclamaba ruidosamente la superioridad del nuevo Lincolnette 2061 convertible.

—¡Ten cuidado con la alfombra! —advirtió Laura.
—No te preocupes, no estropearé tu alfombra —aseguró Danby—. ¿Querría alguien, por favor, apagar la televisión para que tengamos un momento de tranquilidad?
-Yo la apagaré, papito. —Con sus zancadas de niño de nueve años, Billy cruzó la habitación y silenció al joven de la chaqueta rosa.

Danby hurgó en la cubierta de la caja, notando la respiración de Laura sobre la parte posterior de su cuello.

—¡Una maestra de escuela! —silbó la mujer con voz entrecortada al descubrir el contenido—. ¡Con todas las cosas que un hombre adulto podría traer al hogar para su esposa y apareces con esto!
—No es una maestra de escuela corriente —dijo Danby—. Puede cocinar, coser, puede... Puede hacerlo exactamente todo. Siempre andas lamentándote que necesitas una criada. Bien, ahora ya la tienes. Y Billy tiene alguien que lo ayude en sus telelecciones.
—¿Cuánto? —Danby se dio cuenta por primera vez de lo afilado que era el rostro de su esposa.
—¡Cuarenta y nueve dólares con noventa y cinco centavos!
—¡Cuarenta y nueve dólares con noventa y cinco centavos! ¿Estás loco? Estuve ahorrando para cambiar nuestro Baby Buick por un nuevo Cadillette y tú lo malgastas en una vieja y estropeada maestra de escuela. ¿Qué sabe de teleeducación? ¡Si está anticuada en cincuenta años!
—¡No quiero que me ayude en mis telelecciones! —gritó Billy, mirando hoscamente hacia la caja—. Mi telemaestro dice que esas viejas maestras de forma humana no servían para nada. ¡Y les pegaban a los niños!
—¡No es verdad! —repuso Danby—. Sé lo que digo porque fui a una verdadera escuela todo el tiempo hasta el octavo grado —se volvió hacia Laura—. ¡Funciona bien, no está anticuada y sabe más acerca de la auténtica educación de lo que jamás sabrán tus telemaestros! Puede coser, puede cocinar...
—¡Entonces dile que caliente nuestra cena!
-¡Lo haré!

Introdujo la mano en la caja, bajó el pequeño interruptor del activador y, cuando se abrieron los ojos azules, dijo:

—Venga conmigo, señorita Jones —y la condujo al interior de la cocina.

Quedó sumamente complacido de la forma como ella respondió a sus instrucciones. La cena fue retirada de la mesa en un santiamén y puesta de nuevo en un abrir y cerrar de ojos, caliente, humeante y deliciosa.

Se ablandó Laura.

—Bien...
—¡Claro que bien! —exclamó Danby—. Dije que podía cocinar, ¿no es cierto? Ahora ya no tendrás que quejarte de interruptores trabados, de uñas rotas, de...
—Está bien, George. No insistas.

Su rostro había vuelto a la normalidad, si bien aún parecía un poco afilado, pero ello habitualmente formaba parte de su atractivo, al igual que sus oscuros y cariñosos ojos y su boca de forma tan exquisita. Acababa de hacerse reforzar los pechos de nuevo y, en verdad, tenía un aspecto formidable con su nuevo negligé oro y escarlata. Puso un dedo bajo la barbilla de ella y la besó.

—Bueno, comamos —dijo.

Por alguna razón se había olvidado de Billy. Desde la mesa, vio a su hijo en el umbral de la puerta, mirando fija y tristemente a la señorita Jones, ocupada en preparar el café.

—¡No me pegará! —afirmó Billy, sosteniendo la mirada de su padre.

Danby rió. Se sentía mejor, ahora que la mitad de la batalla estaba ganada. La otra mitad podía ser atendida más tarde.

—Por supuesto que no va a pegarte —aseguró—. Ahora ven y sírvete la cena como un niño bueno.
—Sí —asintió Laura—, y date prisa. Dan Romeo y Julieta en «La Hora del Oeste» y no quiero perdérmela.

Billy cedió.

—Bueno, está bien —dijo.

Sin embargo, evitó a la señorita Jones mientras entraba en la cocina y ocupaba su asiento en la mesa.


Romeo Montesco lió un cigarrillo con hábiles dedos, lo puso entre sus labios oscurecidos por el sombrero de ala ancha y lo encendió con un fósforo de cocina. Después condujo a su lustroso caballo hacia la ladera iluminada por la luna en dirección al rancho de los Capuletos.

—Me conviene mostrarme prudente —soliloquió—. Los altivos Capuletos, pastores y enemigos hereditarios de mi familia, descendiente de nobles ganaderos, me abatirán de un disparo sin contemplaciones, de presentarse la oportunidad. Pero esa muchacha que encontré esta noche en el calvero bien merece el riesgo.

Danby frunció el entrecejo. Nada tenía en contra de las readaptaciones de los clásicos, pero a su entender, quienes las escribían, se extralimitaban con sus eternos conflictos entre ganaderos y ovejeros. Con todo, Laura y Billy no parecían hacer el menor caso. Inclinados hacia adelante en sus sillones especiales, miraban fija y extasiadamente la pantalla de 120 pulgadas. Tal vez los especialistas que escribían las obras tenían razón.

Hasta la señorita Jones parecía interesada..., pero eso resultaba imposible, recordó Danby. No podía estar interesada. Nada significaba el hecho que sus ojos azules estuviesen enfocados sobre la pantalla; lo único que hacía realmente era estar sentada allí, consumiendo sus baterías. Debería haber seguido el consejo de Laura y desconectarla...

El caso es que no tuvieron corazón para hacerlo. Era una crueldad privarla de la vida, aun temporalmente.

Danby experimentó una sensación de ridículo. Se movió irritado en su sillón al darse cuenta que había perdido el hilo de la obra. Cuando lo recuperó, Romeo había escalado el muro del rancho Capuleto y, tras deslizarse a través del huerto, se hallaba en un florido jardín.

Julieta Capuleto salió al balcón cruzando un par de antiguas puertas francesas. Llevaba un traje blanco de vaquera —o de ovejera—, con una falda de la longitud del muslo, y un sombrero de ala ancha coronaba sus abundantes y descoloridos cabellos rubios. Se asomó a la baranda del balcón y escrutó el interior del jardín.

—¿Dónde estás, Romeo? —dijo, arrastrando las palabras.


—¡Esto es ridículo! —exclamó bruscamente la señorita Jones—. ¡Las palabras, los trajes, la acción, el lugar..., todo es incorrecto!

Danby quedó atónito. Recordó entonces lo que el dueño del baratillo había dicho acerca de su respuesta a escenas y situaciones tanto como a palabras. En realidad, había entendido que el viejo se refería a las escenas y situaciones inherentes a sus obligaciones como maestra, no todas las escenas y situaciones.

Una molesta prevención cruzó por la mente de Danby. Advirtió que tanto Laura como Billy se habían apartado de su alimento visual y observaban a la señorita Jones con ojos incrédulos. El momento era crítico.

Se aclaró la garganta.

—La obra no es realmente «incorrecta», señorita Jones —explicó—. Sólo ha sido escrita de nuevo. ¿No lo comprende? Nadie le prestaría atención en su estado original. Sin público, sin patrocinadores, ¿cuál sería su sentido?
—¿Pero tenían que convertirla en un western?

Danby miró con aprensión a su esposa. La incredulidad había sido reemplazada por un furioso resentimiento. Con precipitación se volvió hacia la señorita Jones.

—Los westerns están ahora de moda, señorita Jones —explicó—. Es una especie de renacimiento de los primeros días de la televisión. Como gustan a la gente, los patrocinadores los auspician y los escritores buscan nuevo material para ellos.
—¡Pero vestir a Julieta con traje de vaquera! Está por debajo del nivel de los espectáculos más ínfimos.
—George, ya basta —la voz de Laura era glacial—. Te dije que estaba cincuenta años anticuada. ¡O la desconectas o me voy a dormir!

Danby suspiró y se puso en pie. Se sintió avergonzado al aproximarse a la señorita Jones y buscar a tientas el pequeño botón detrás de su oreja izquierda. Ella le observó con sosiego, con sus manos reposando inmóviles sobre su regazo, su respiración yendo y viniendo rítmicamente a través de sus sintéticas fosas nasales.

Fue como cometer un asesinato. Danby se estremeció mientras regresaba a su sillón.

—¡Tú y tus maestras de escuela! —le reprochó Laura.
—¡Cállate! —cortó Danby.

Miró la pantalla e intentó interesarse por la emisión. No lo consiguió. El siguiente programa presentó una historia policíaca titulada Macbeth. Tampoco le agradó. Echó una mirada subrepticia a la señorita Jones. Su pecho estaba ahora inmóvil, sus ojos cerrados. La estancia parecía horriblemente vacía.

Al final no pudo soportarlo más. Se levantó.

—Voy a dar un paseo en coche —informó a Laura, y salió.

Hizo salir al Baby Buick fuera de la pequeña calzada para coches y se dirigió por la calle suburbana en dirección a la avenida, mientras se preguntaba una y otra vez por qué una antigua maestra de escuela lo había afectado de esta manera. No se trataba simplemente de nostalgia, aunque algo también había en sus sentimientos: nostalgia de septiembre, de la escuela, de la entrada a clases en las mañanas de septiembre, de ver como la maestra salía del pequeño cuarto junto a la pizarra al sonar la campana y decía: «Buenos días, niños. ¿No es un hermoso día para estudiar?»

Pero nunca le gustó la escuela más que a los otros chicos. Septiembre tenía aún importancia para él por algo más que los libros y los sueños de otoño. Era algo que perdió en alguna parte a lo largo de su vida, algo indefinible, intangible, algo que ahora necesitaba con desesperación...

Danby hizo girar el Baby Buick avenida abajo, virando entre los fugaces automóviles. Al dar vuelta para entrar en la calle lateral que conducía a Friendly Fred's, vio un nuevo puesto en la esquina con un gran letrero que rezaba:

¡HOT DOGS GIGANTES A LAS BRASAS!

¡Pruebe un auténtico hot dog a la parrilla!
¡Próxima apertura!


Pasó de largo y entró en el estacionamiento cercano a Friendly Fred's. Salió del coche hacia la noche estrellada de primavera y se acercó al local. Pese a hallarse atestado, se las arregló para encontrar un compartimiento vacío. Introdujo una moneda de 25 centavos en el distribuidor y marcó una cerveza.

La sorbió pensativamente en su vaso de papel parafinado. El compartimiento estaba mal ventilado y olía a su último ocupante, un bebedor de vino, supuso Danby. Pensó en los viejos tiempos, cuando el aislamiento en los bares era desconocido y había que permanecer mezclado con los restantes clientes con el desagradable resultado que cada uno sabía lo que los demás bebían y el grado de borrachera que alcanzaban. Su pensamiento volvió luego a la señorita Jones.

Una pequeña pantalla de televisión sobre el distribuidor de bebidas anunciaba: ¿Tiene problemas? Sintonice a Friendly Fred, que escuchará sus penas (sólo 25 centavos por tres minutos). Danby deslizó una moneda de un cuarto de dólar en la ranura correspondiente. Se escuchó un chasquido y la moneda repiqueteó en el recipiente de devoluciones, al mismo tiempo que la voz grabada de Friendly Fred decía:

—Ocupado en este momento, compañero. Estaré con usted dentro de un minuto.

Después de un minuto y otra cerveza, Danby efectuó un nuevo intento. Esta vez, la pantalla se iluminó y el rostro de Friendly Fred adquirió progresiva nitidez.

—Hola, George. ¿Cómo va?
—No demasiado mal, Fred. No demasiado mal.
—Podría ser mejor, ¿eh?

Danby hizo un gesto afirmativo con la cabeza:

—Lo adivinó, Fred. Lo adivinó. —Miró al pequeño mostrador con su solitaria cerveza—. Yo... compré una maestra de escuela —confesó.
¡Una maestra de escuela!
—Admito que es extraño, pero pensé que quizás el niño necesitaría un poco de ayuda en sus lecciones..., los exámenes más difíciles llegarán pronto y ya sabe como se sienten los niños cuando no envían las respuestas correctas y no pueden ganar un premio. Y luego creí..., es una maestra de escuela especial, ¿comprende, Fred?..., pensé que ayudaría a Laura en las faenas de la casa. Cosas como ésas...

Su voz se apagó poco a poco mientras levantaba su vista hacia la pantalla. Friendly Fred movía su amistoso rostro con solemnidad. Sus carrillos temblaron ligeramente.

—George, escúcheme. Deshágase de esa maestra. ¿Me oye, George? Deshágase de ella. Esas maestras androides son tan perjudiciales como las auténticas..., las de carne y hueso, quiero decir. ¿Sabe por qué, George? No lo creerá, pero yo lo sé. Acostumbraban pegar a los niños. Es cierto, les pegan... —Se oyó un zumbido y la pantalla se hizo borrosa—. Ha terminado el tiempo, George. ¿Desea el importe deotro cuarto de dólar?
—No, gracias —repuso Danby. Acabó su cerveza y se marchó.

¿Odiaban todos realmente a las maestras de escuela? Y si era así, ¿por qué no odiaban todos también a los telemaestros?

Danby consideró esta paradoja durante todo el día siguiente, en el trabajo. Cincuenta años atrás pareció que los maestros androides iban a resolver el problema educativo tan eficazmente como la reducción de tamaño y precio de los automóviles había resuelto el problema económico. Con el cambio de siglo, no obstante, aunque los androides remediaron el déficit de maestros, sólo lograron poner en relieve el otro aspecto del problema, el déficit de escuelas. ¿Para qué servía disponer de suficientes maestros cuando no existía el número de aulas indispensable para la enseñanza? ¿Cómo se hallaría el dinero para construir nuevas escuelas, cuando el país tenía la necesidad constante de más nuevas y mejores autopistas?

Era absurdo decretar que la construcción de escuelas públicas debería tener prioridad sobre la de carreteras ya que, de descuidarse éstas, automáticamente disminuía la tendencia del ciudadano medio a comprar nuevos automóviles, debilitando de este modo la economía y precipitando una depresión. Esto hacía la construcción de nuevas escuelas algo más difícil de lo que era antes.

Aceptado esto, había que descubrirse ante las compañías de cereales. Al introducir los telemaestros y la teleeducación, habían salvado la situación. Un simple maestro en una habitación, con una pizarra a un lado y una pantalla de cine al otro, era capaz de impartir clases a cincuenta millones de alumnos. Si alguno de ellos se sentía molesto por el sistema de enseñanza, no tenía más que cambiar de canal para sintonizar otro de los programas teleeducativos patrocinados por las numerosas compañías de cereales. (Por supuesto, era responsabilidad de los padres del alumno que éste no se saltase las clases o sintonizara el grado siguiente antes de aprobar los exámenes correspondientes.)

Pero la mejor característica de tan ingenioso sistema era el feliz hecho que las compañías de cereales sufragaban todos los gastos, dispensando de este modo al contribuyente de una de sus más onerosas obligaciones y dejando sus bolsillos más preparado para afrontar los impuestos sobre las ventas, impuestos de gasolina, peajes y pagos de automóvil. Y todo lo que las compañías de cereales pedían, a cambio de este admirable servicio público, era que los alumnos —y, preferiblemente, también los padres—consumiesen sus productos.

Por lo tanto, no existía tal paradoja después de todo. Una maestra de escuela era un anatema, porque simbolizaba gasto; una telemaestra era una respetable servidora pública, porque simbolizaba una gran concentración económica. Aunque la diferencia, Danby la sabía, iba mucho más allá.

El odio hacia las maestras de escuela era en parte atávico a consecuencia de las campañas de propaganda que las compañías de cereales lanzaron al poner su idea en práctica. Eran responsables del mito, ampliamente difundido, que las maestras androides pegaban a sus alumnos y con frecuencia reactualizado en precisión por si alguien lo dudase aún.

La cuestión radicaba en que la mayor parte de los ciudadanos eran teleeducados y, por lo tanto, no conocían la verdad. Danby era una excepción. Nació en una pequeña ciudad cuya localización montañosa hizo imposible la recepción de la televisión; antes que su familia emigrase asistió a una verdadera escuela. Por eso sabía que las maestras de escuela no pegaban a sus alumnos.

A menos que Androides Inc. hubiera distribuido por error uno o dos modelos deficientes. Y eso no era probable. Androides Inc. era una sociedad muy eficiente. Crearon excelentes mozos de estación de servicio, sin contar la reconocida calidad de sus taquígrafas, camareras y criadas.

Naturalmente, no estaban al alcance del negociante medio ni del padre de familia tipo... Pero, ¿no constituía todo eso una razón de más por la que Laura debería sentirse satisfecha con una sirvienta eficiente?

Pero no se sentía satisfecha. Cuando Danby llegó a casa aquella noche y la miró al rostro supo, sin asomo de dudas, que no se sentía satisfecha.

Jamás había visto sus mejillas tan contraídas, sus labios tan delgados.

—¿Dónde está la señorita Jones? —preguntó.
—En su caja —respondió Laura—. ¡Y mañana por la mañana la devolverás a quien la compraste y harás que te restituyan nuestros cuarenta y nueve dólares con noventa y cinco centavos!
—¡No me pegará otra vez! —gritó Billy, sentado en cuclillas frente a la pantalla del televisor.

Danby palideció.

—¿Le pegó?
—Bueno, no exactamente —dijo Laura.
—¿Lo hizo o no lo hizo? —insistió Danby.
—¡Explícale lo que dijo de mi telemaestra! —gritó Billy.
—Dijo que la maestra de Billy no estaba capacitada para enseñar ni a caballos.
—¡Y cuéntale lo que dijo de Héctor y Aquiles!
—Dijo que era una vergüenza sacar un melodrama de vaqueros e indios de una obra clásica como la Ilíada y llamarlo educación.

La historia salió gradualmente. La señorita Jones mostró, al parecer, una gran inquietud intelectual desde el mismo momento en que Laura la conectó por la mañana. Según la señorita Jones, todo en la casa de Danby era malo, desde los programas de teleeducación que Billy miraba en el pequeño televisor rojo de su habitación, y los programas matutinos y vespertinos que Laura contemplaba en el gran televisor de la sala de estar, hasta el diseño del papel para las paredes del vestíbulo (pequeños cadilletes rojos, retozando a lo largo de entrelazadas cintas de carretera), la ventana en forma de parabrisas de la cocina y la escasez de libros.

—¿Te das cuenta? —dijo Laura—. ¡Cree que aún se editan libros!
—Todo lo que deseo saber —manifestó Danby—, es si le pegó.
—Te lo estoy explicando...

Alrededor de las tres, la señorita Jones quitaba el polvo en el cuarto de Billy, que miraba obedientemente sus lecciones, sentado en su pequeño pupitre, absorto en los esfuerzos de los vaqueros por conquistar el poblado indio de Troya. De repente, la señorita Jones cruzó la habitación como una loca, enunció sacrílegos comentarios acerca de la alteración de la Ilíada, y apagó el aparato justamente en medio de la clase. Entonces fue cuando Billy comenzó a gritar; al irrumpir Laura en la habitación, encontró a la señorita Jones asiendo su brazo con una mano y levantando la otra para dar el golpe.

—Llegué a tiempo —concluyó Laura—. No sabes lo que pudo haber hecho. ¡Pudo haberlo matado!
—Lo dudo —cortó Danby—. ¿Qué sucedió luego?
—Tomé a Billy para apartarlo de ella y le ordené que se retirase a su caja. Después cerré la tapa. ¡Y te juro, George Danby, que permanecerá cerrada! ¡Mañana por la mañana la devolverás, si quieres que Billyy yo continuemos viviendo en esta casa

Danby se sintió mal toda la noche. Apenas probó la cena y languideció durante «La Hora del Oeste», echando vistazos fugaces, cuando Laura no lo miraba, hacia la caja que permanecía silenciosa junto a la puerta. La heroína de «La Hora del Oeste» era una bailarina, una rubia que medía 98-60-95, llamada Antígona. Por lo visto, sus dos hermanos se habían matado el uno al otro en un tiroteo y el sheriff del lugar, un personaje llamado Creón, sólo permitió a uno de ellos un entierro decente en Boot Hill, insistiendo de modo ilógico en que el otro fuese abandonado en el desierto como pasto para buitres. Antígona mantenía otro punto de vista ante su hermana Ismenia; si un hermano merecía una tumba respetable, el otro también. Antígona iba a remediar esta situación. ¿Querría Ismenia ayudarla? Pero Ismenia era cobarde, por lo que Antígona decidió solucionar el problema por sí misma. Luego, un viejo explorador llamado Tiresias se dirigía hacia el pueblo y...

Danby se levantó sin ruido, se deslizó al interior de la cocina, y salió por la puerta de la cocina. Subió al automóvil y condujo hacia la avenida, con todas las ventanillas abiertas y el aire cálido golpeando su rostro.

El puesto de hot dogs de la esquina estaba casi concluido. Le echó una perezosa ojeada mientras giraba por la calle lateral. Había cierto número de compartimientos vacíos en Friendly Fred's y escogió uno al azar. Tomó varias cervezas, de pie en el pequeño mostrador solitario, y pensó durante largo rato. Seguro que su esposa e hijo se habían ido a dormir, volvió a su hogar, abrió la caja de la señorita Jones, y la conectó.

—¿Iba a pegar a Billy esta tarde? —preguntó.

Los ojos azules lo miraron con firmeza, mientras las pestañas temblaban a rítmicos intervalos y las pupilas se ajustaban gradualmente a la lámpara de la sala de estar, que Laura dejó encendida.

—Soy incapaz de golpear a un ser humano, señor. Creo que la cláusula está en mi garantía.
—Me temo que su garantía caducó hace algún tiempo, señorita Jones —repuso Danby. Su voz era espesa y sus palabras se confundían—. Pero no importa. Le tomó del brazo de todas formas, ¿no es cierto?
—Tuve que hacerlo, señor.

Danby frunció el entrecejo. Volvió a la sala de estar, caminando como si sus piernas fuesen de goma.

—Venga y siéntese. Explíquemelo todo, señ... señorita Jones —dijo.

La vio salir desde su caja y cruzar la habitación. Había algo extraño en su modo de andar. Su paso ya no era ligero, su cuerpo ya no parecía delicadamente equilibrado. Con sobresalto, se dio cuenta que cojeaba.

Se sentó en el canapé y se acomodó junto a ella.

—Le pegó patadas, ¿verdad? —inquirió.
—Sí, señor. Tuve que retenerle o hubiera continuado.

Una luz rojiza llenó la estancia. Luego, sutilmente, ésta se disipó ante la naciente comprensión que en sus manos se hallaba el arma psicológica con la cual podría reprimir en lo sucesivo toda objeción a la señorita Jones.

—Lo siento mucho, señorita Jones. Me temo que Billy es demasiado agresivo.
—Lo extraño sería lo contrario, señor. Quedé horrorizada hoy cuando supe que esos horribles programas constituyen todo su alimento educativo. Su telemaestro es poco más que un viajante encargado de vender la particular marca de copos de maíz de su compañía. Comprendo ahora por qué sus escritores han de volver a los clásicos para conseguir ideas. Su facultad creadora fue sofocada por los tópicos, ya desde su etapa embrionaria.

Danby estaba encantado. Jamás había oído a nadie hablar de ese modo hasta entonces. No eran las palabras. Era la manera con que las decía, la convicción que mostraba su voz, pese a tratarse de un altavoz hábilmente construido, conectado a unas cintas magnetofónicas, conectadas a su vez a inimaginablemente intrincados memorizadores.

Sentado allí junto a ella, viendo moverse sus labios, descender sus pestañas, siempre tan suavemente sobre aquellos ojos tan azules, era como si septiembre hubiese entrado a la habitación. De súbito, un sentimiento de paz lo envolvió. Los dulces y suaves días de septiembre desfilaron otra vez ante su mirada, y comprendió porqué eran distintos a los demás días. Eran diferentes porque tenían profundidad, belleza y quietud; porque sus cielos azules contenían promesas de días más dulces y suaves por venir...

Eran diferentes porque tenían significado...

Aquel momento se hacía grato de modo tan intenso que Danby deseó que jamás terminase. El mero hecho de pensar en ello le torturaba con insoportable agonía e, instintivamente, efectuó el único gesto físico a su alcance para prolongarlo.

Pasó un brazo alrededor de los hombros de la señorita Jones.

Ella no se movió. Seguía allí sosegadamente, con su pecho que se alzaba y descendía a intervalos regulares, sus largas pestañas que se movían hacia abajo de vez en cuando como oscuros y apacibles pájaros aleteando sobre azules y límpidas aguas...

—El programa que vimos la noche pasada —dijo Danby—. Romeo y Julieta. ¿Por qué no le gustó?
—Era más bien horrible, señor. Una parodia barata y despreciable, la belleza de los versos corrompida y oscurecida...
—¿Conoce usted los versos?
—Algunos de ellos.
—Dígalos, por favor.
—Sí, señor. Al terminar la escena del balcón, cuando los dos enamorados están despidiéndose, dice Julieta: ¡Buenas noches, buenas noches! Despedirse es tan dulce aflicción, que diré buenas noches hasta que sea mañana. Y contesta Romeo: ¡El sueño more sobre tus ojos, la paz en tu pecho! ¡Quisiera yo fuesen el sueño y la paz, tan dulces para descansar! ¿Por qué omitieron eso, señor? ¿Por qué?
—Porque estamos viviendo en un mundo despreciable —dijo Danby, sorprendido ante su súbita percepción—, y en un mundo despreciable las cosas preciosas son inútiles. Dig... diga los versos de nuevo, por favor, señorita Jones.
¡Buenas noches, buenas noches! Despedirse es tan dulce aflicción, que diré buenas noches hasta que sea mañana...
—Déjeme terminar —Danby se concentró—. El sueño more sobre tus ojos, la paz...
—...en tu pecho...
—Quisiera yo fuesen el sueño y la paz, tan...
—...dulces...
—¡...tan dulces para descansar!


Bruscamente la señorita Jones se puso en pie.

—Buenas noches, señora —dijo.

Danby no se molestó en levantarse. No habría servido de nada. De cualquier modo, podía ver bastante bien a Laura desde donde se hallaba. Su mujer, que permanecía en el umbral de la sala de estar con su nuevo pijama «Cadillete» y sus pies desnudos silenciosos en su subrepticio descenso de la escalera. Los automóviles bidimensionales que adornaban el pijama eran de un vivo bermellón y parecían correr sobre su cuerpo yacente, rampando por encima de sus pechos, su vientre y sus piernas...

Vio su afilado rostro y sus fríos y despiadados ojos y supo que serían inútiles las explicaciones, que no comprendería, no podría comprender. Y descubrió con súbita y horrible claridad que en el mundo en que vivía, septiembre estuvo muerto durante décadas, y se vio a sí mismo cargando la caja por la mañana en el Baby Buick y descendiendo las relucientes calles de la ciudad en dirección al pequeño almacén de objetos para pedir al dueño que le devolviese su dinero. Miró a la señorita Jones permaneciendo incongruentemente en la poco acogedora sala de estar y la oyó decir, una y otra vez, como un disco rayado:

-¿Algo está mal, señora? ¿Algo está mal?

Transcurrieron varias semanas antes que Danby se sintiese lo suficientemente bien para volver a Friendly Fred's en busca de una cerveza. Para entonces, Laura había empezado a hablarle otra vez y el mundo, aun cuando no fuera el mismo de antes, recuperó algunos de sus aspectos anteriores. Hizo salir al Baby Buick de la pequeña calzada y se introdujo calle abajo en el multicolor tráfico de la avenida. Era una clara noche de junio y las estrellas aparecían como puntas de alfileres de cristal sobre el fuego fluorescente de la ciudad. El puesto de hot dogs de la esquina estaba terminado y abierto al público. Varios clientes junto al resplandeciente mostrador cromado miraban cómo una camarera estaba dando vueltas unos panecillos de Viena sobre una también cromada parrilla. Había algo familiar en el alegre centelleo de su vestido, el modo en que se movía, la forma en que el suave nacimiento de su cabello enmarcaba su dulce rostro... El nuevo propietario se apoyaba sobre el mostrador a cierta distancia, charlando con un cliente.

Había una tensión en el pecho de Danby mientras estacionaba el Baby Buick, salía y se encaminaba a través del batiente de hormigón hacia el mostrador...; una tensión en su pecho y un constante latido en sus sienes.

Había llegado a la parte del mostrador donde se hallaba el propietario y, cuando iba a inclinarse para abofetear su presumido y grueso rostro, vio un pequeño letrero de cartón apoyado contra un tarro de mostaza, letrero que decía:

SE NECESITA MOZO


Un puesto de hot dogs estaba muy lejos de ser un aula de septiembre, y una maestra distribuyendo hot dogs jamás se podría comparar con una maestra dispensadora de sueños. Pero cuando se necesitaba algo con urgencia había que tomarlo sea como fuese y dar, además, las gracias...

—Podría trabajar por las noches —dijo Danby al propietario—. Es decir, desde las seis hasta las doce...
—Sería estupendo —manifestó el propietario—. Aunque me temo que no podré pagarle mucho al principio. Comprenda, acabo de empezar y...
—No importa —replicó Danby—. ¿Cuando empiezo?
—Cuanto antes mejor.

Danby se acercó hasta donde una parte del mostrador se levantaba sobre ocultos goznes, entró en el interior y se quitó la chaqueta. Si a Laura no le gustaba la idea, podía irse al infierno, pero sabía que no le importaría, porque el dinero adicional que ganase haría realidad el sueño de su mujer, el Cadillete.

Se puso el delantal que le entregó el propietario y se unió a la señorita Jones frente a la parrilla.

—Buenas noches, señorita Jones —dijo.

Ella volvió la cabeza y sus ojos azules parecieron iluminarse y su cabello era como el sol surgiendo en una brumosa mañana de septiembre.

—Buenas noches, señor —respondió, y un aire de septiembre se levantó en la noche de junio y sopló a través del puesto y fue como volver a la escuela otra vez, después de un interminable y vacío verano.

martes, septiembre 29, 2009

Whoo-pee y Yay y Whoop-dee-doo!!! ^-^

Hoy pasaron varias cosas que no tienen mucho que ver entre sí pero todas me dan ganas de escribir:

- Por primera vez REGISTRÉ!!! es decir, por primera vez pude pinchar neuronas del ganglio petroso y registrar potenciales de acción (el objetivo de mi unidad de investigación). Quizás fue porque fue Fernando y me trajo suerte (el anterior ocupante de mi setup) o porque justo dejé la cara con los somas hacia arriba y no hacia el fondo de la cámara, o porque había decidido renunciar mañana dados mis nulos resultados (Dog es un maricón), o porque simplemente Maktub (estaba escrito) que hoy obtuviera mis primeros resultados. El profe dijo que los registros estaban bastante bonitos y qué bacán y alalala.

- Hoy es 29 así que tenía que comprar ñoquis puesto que se me había olvidado hacerlo ayer o el finde, y ya sé de 29s anteriores que ir el mismo día al Jumbo del Alto Las Condes a comprarlos de noche es una pésima idea, ya que no queda ni medio kilo de la marca más cara o más picante siquiera. Como ya sabía de mi única visita al Jumbo de Park City(*), o sea, el Portal La Dehesa que está deshabitado y con sobreabundancia de "productos de elaboración propia" como tortas, pan, fidedos y comida preparada, no me quedó otra que subir allá para comprar los ñoquis y además 30 kilos de Ariel que estaba en oferta y otros 20 kilos en bebidas y también 5 kilos en frutas y 3 kilos en colaciones y almuerzos de colegio. Había unas 50 personas en todo el local? y en medio de mi compra se cortó la luz pero así onda todo oscuro y no pude evitar decir "yiaaaaaaa..." en voz alta al igual que los reponedores (las viejas pitucas y demás gente linda no hace ese tipo de demostraciones). Terrible de flaite Park City, no hay flaiterío evidente pero qué flaite que se corte la luz en el Jumbo y que a las 9 de la noche todas las tiendas estén cerradas y todo tenga un aire de abandono, hasta para estacionarme me da miedo y bajo la antena y doblo los espejos laterales y saco el panel de la radio porque se me imagina que en Park City es más probable que me flaiteen el auto a que suceda en el Alto Las Condes. Igual extraña lógica, quizás se deba a que el Alto me es familiar y en miles de estacionadas nunca nos han flaiteado nada, y que los estacionamientos de Park City sean descubiertos y no familiares.

- La celebración del quincuagésimo tercer aniversario del profe Jefecito se corre de este sábado al 24 de octubre; he escuchado la pila de anécdotas de curados, frescos, practicantes de kung fu, perras ebrias, alumnos de doctorado y profes que parecen piolitas que me dan entre miedo y repulsión porque ¿qué voy a hacer yo ahí? perdí la costumbre de comer carne y de los asados, por ningún motivo tomo trago si no estoy en mi casa y no sé echar la talla ni hablar cosas divertidas. Y para más remate va toda la gente de todos los labs de Fisiología de la Chile y la Católica, con suerte conozco a la Romina, Gonzalo (no creo que vaya), Jorge, Fernando y el mismo profe.

- La torta Manjarate es más barata en el Jumbo de Park City que en del Alto Las Condes. Insólito, a nosotros que somos más pobres (comparativamente, no quiero decir que vivamos en mediaguas ni nada parecido) nos cobran más que a la gente de La Dehesa. Claro que todo el ahorro de comprarla allá se pierde con la bencina gastada en subir, así que sólo conviene si uno de todos modos tiene que ir a la punta del cerro.

(*) Park City: pequeña ciudad cercana a Salt Lake City (capital de Utah, USA) famosa por sus centros de esquí, el festival de cine Sundance y el centro comercial que agrupa outlets de prestigiosas tiendas. Todo es escandalosamente caro en Park City, si hasta los precios de los outlets son "regulares" y no "ofertas", pero si uno tiene suerte y busca con paciencia puede encontrar una auténtica ganga. Yo por ejemplo, no termino de arrepentirme por no haberme comprado un magnífico vestido de fiesta negro en BCBGMAXAZRIA a 100 dólares (el precio normal era sobre los 300 dólares y let's face it un vestido de fiesta así de precioso igual vale sus 200 lucas en Chile) que era una maravilla de drapeado y encorsetado que mágicamente me hacía crecer el pecho, me creaba una cintura y me alargaba las piernas... pero bueno, la correlación que hago entre el outlet de Park City y el Portal La Dehesa se basa en que ambos son centros comerciales abiertos donde las puertas de las tiendas dan directamente "a la calle" o similar y no hay más techo que el que cubre las veredas, entonces para que la gente no se congele yendo de una tienda a otra hay unos tubos calefactores puestos en el techo que irradian calor hacia el pasillo o vereda. Los tubos de Park City eran super efectivos (pensemos que está lleno de nieve y hace un frío del diablo), pero los tubos del Portal sólo tiraban calor en un plano que llegaba más o menos a la altura de mi aureola de santa y sería. Malo el Portal La Dehesa po, si querían copiar a Park City entonces hazlo bien po' weono! eso lo dijo Sinergia antes que yo.

Oddly happy y riéndome de lo que yo hacía antes

Esto es extraño Milenio, pero me siento bastante felice y soddisfata como hace tiempo que no me sentía. Siempre volviendo al pasado, o me siento mal por las cosas buenas que se fueron, o me siento peor por las cosas malas que me hicieron y aún duelen. Peeero, resulta que esta semana (y la anterior) me di cuenta por fin, pero por fin que algunos de esos recuerdos que todavía me hacían llorar y rabiar ya se fueron; mejor dicho, los recuerdos siguen estando ahí pero la parte fea la superé. Ahora miro atrás y es como "ajajaja, las volás locas que hice/dije/pensé en ese entonces... =)" en vez de "aaaaaahhh qué rabiaaa! qué penaaa! buaaaaaaa!" lo cual es super bueno teniendo en cuenta que rara vez el pasado me alegra. Es que la custión se invirtió y ya no soy más caracol arrastrándome detrás de gente, y hoy es la gente la que anda de caracol por mí (no toda esta gente es arrastrada en el sentido feo de la palabra, eso sí) y eso se siente bien, se siente super pensar en alguna persona y no sentirse miserable sino que alegre. Sí, hice (más de) un par de cosas que me avegüenzan un resto, pero bueno qué le voy a hacer, las hice porque en el momento las sentía y sí, puedo parecer la ingenua y la tonta y la patética más grande de la vida pero estoy OK con todo eso. Así que no más lloriqueos rancios (el último fue hace 3 meses, o sea bien reciente). No más "¿Y si le hubiera dicho que [alalalala]?". No más caracoles. No más mensajes subliminales. Y no más escalofríos... ah no, ese pequeño detalle, aún me dan escalofríos cuando pienso en la Perra =(